El ajuar fotográfico de Juan Cambón

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

En el año 1869, fecha del documento al que vamos a aludir, la fotografía era aún un invento reciente, exótico y extraño. Apenas habían pasado tres décadas desde que se fijara el primer daguerrotipo en España y solo dos de la datación de la primera fotografía conservada. No fue fácil para el público la asimilación de este nuevo instrumento de reproducir imágenes, asimilándolo en un principio como una pintura hecha con medios mecánicos y mostrando recelos ante la posibilidad de exponerse frente al objetivo de las cámaras. En aquellos años 60 del siglo XIX la imagen de un fotógrafo con sus pesados materiales a cuestas debía resultar extraña si no inédita en Béjar. Nuestro protagonista, Juan Cambón[1], tiene un particular puesto de honor en nuestra historia al haber firmado las fotografías más antiguas que de la ciudad se conservan, donde se había afincado en el año 1866. Muy conocidas son algunas de ellas, especialmente la que nos muestra una imagen de la Puerta de la Villa (la misma que por aquella época de un modo algo presuntuoso se denominaba «Puerta de la Ciudad») en la histórica jornada del 28 de septiembre de 1868. Pero son escasas las oportunidades de conocer el «ajuar» de aquellos viejos fotógrafos, todo un despliegue de variados enseres y utensilios ambulantes y portátiles que le acompañaban allá donde fuera, algunos no muy diferentes de los que la fotografía posterior, incluso la actual, han usado, pero otros realmente curiosos. Gracias a los documentos notariales de la época tenemos la posibilidad de saber con qué tipos de instrumentos y accesorios trabajaba Cambón en Béjar y completar así la imagen que de él y de los fotógrafos del siglo XIX (todavía singulares personajes) solemos tener.

Domingo Guijo, por Juan Cambón

En marzo de 1869 Antonio Mora, residente circunstancial en Béjar, reclama de Juan Cambón tres máquinas fotográficas y otros enseres que eran propiedad de su hijo Donato Mora y que se habían tasado en 4220 reales de vellón (1055 pesetas)[2]. Las dos partes, evitando alargarse en pleitos, determinan ante el notario José Sevillano un pago a plazos de 200 pesetas al mes por parte del fotógrafo. Para esa fecha Cambón ya llevaba viviendo en Béjar tres años desde que se asociara con Joaquín Hernández Callado para fundar una sociedad artística, probablemente la primera de estas características en la ciudad. Parte de los efectos y útiles que manejaba Cambón quedaron en depósito inventariándose de esta manera:

«Una máquina con su cajoncito llamada objetivo con sus tubos de bronce, cristales y pie número 42, una caja de madera con tres cristales, una cubeta de baño, un caballete de madera con cinco cristales, un bastidor con un cristal opaco, otra máquina llamada la grande con sus cubos y cristales corrientes, un coche laboratorio portátil o cuarto oscuro, un juego de pies de madera, cinco chasis de varios tamaños, un apoya cabezas de madera, una pieza ídem con tornillos, dos cajas de cristales, dos cubetas de gutapercha, un porta embudo de madera, un velador ídem o mesa para poner el cuarto oscuro, una cámara oscura de fuelle.»[3] Cambón contaba, pues, con tres máquinas, una de ellas la clásica cámara de fuelle, cubetas para el rebelado y cristales. Debemos recordar que estos vidrios eran el primer soporte físico donde se generaban las imágenes fotográficas gracias a la emulsión sensible a la luz de la que estaban recubiertas. Años después, a partir del inicio del siglo XX, empiezan a entrar en desuso siendo sustituidos por la película fotográfica o celuloide. Así mismo el fotógrafo francés tenía su cuarto oscuro portátil que desplazaba como un vehículo, algo así como llevar la casa (y el trabajo) a cuestas. El cuarto oscuro era el espacio habilitado para proceder al rebelado de las imágenes y se caracterizaba por estar totalmente cerrado y aislado de la luz, condición indispensable para no malograr el proceso. Uno de los instrumentos más curiosos de los antiguos fotógrafos y con el que Cambón contaba era el apoyacabezas  que, como su propio nombre indica, permitían que la cabeza del retratado se mantuviera totalmente quieta durante el largo tiempo de exposición que la fotografía requería, impidiendo así que la imagen saliera movida. La gutapercha que Cambón guardaba en dos cubetas era un tipo de goma de origen vegetal que tenía múltiples aplicaciones, también en el ámbito fotográfico. Con todo ello deducimos que, aunque de él solo conocemos imágenes de exterior,  parte de su trabajo lo realizaría en el estudio y consistiría en retratos de personas en interiores, faceta de nuestro protagonista que permanece inédita.

Revolucionarios en el Parque Municipal, entonces Alameda. Foto Juan Cambón

La escritura continúa señalando  «Que recibe don Juan Cambón en este acto para dedicarse a su arte lo siguiente: un objetivo máquina de tarjeta completa con dos chasis, cuatro cubetas, dos gutaperchas, dos muestrarios de pino, un cristal roto, una probeta o copa de cristal, treinta frascos de cristal de varios tamaños, cuadrados y redondos, con varios ingredientes químicos para el arte, cuyos ingredientes valoran en 15 escudos, un diamante para cortar cristal con su agarradera, dos agitadores de cristal y un gancho de hierro, dos arcas de pino o cajones de viaje para llevar los efectos»[4].

Con semejante instrumental Cambón recorría las calles de Béjar como fotógrafo ambulante, seguramente seguido por la curiosidad de niños y mayores. Con su cuarto oscuro movible a cuestas transitaría por los lugares donde se localizaron los hitos de resistencia aquella jornada  de 1868 grabada, literalmente, a fuego y sangre en el recuerdo de la ciudad.


[1] Los datos biográficos que conocemos de Juan Cambón son que su nacimiento tuvo lugar en 1833 en Burdeos. Antes de llegar a Béjar vivió en Salamanca donde ya ejerció de fotógrafo y donde se casó. En 1866 se afinca en nuestra ciudad donde viviría hasta al menos el año 1882 (ver nuestro artículo «Juan Cambón, “reportero de guerra”» del 18/11/2016, en el número 4765 de este mismo periódico).

[2] Precisamente en esas fechas del Sexenio Democrático entra en vigencia, entre otras novedades, el uso de la peseta como moneda oficial en España.

[3] Archivo Histórico Provincial de Salamanca, P.N. 8120, folio 117.

[4] Ibídem, folio 117 vuelta.

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